Un marco práctico para distinguir entre la realidad y la ficción

En un mundo donde las noticias no descansan, donde las redes sociales son omnipresentes y donde hay tantas o más noticias falsas que verdaderas, tenemos que preguntarnos constantemente: ¿Qué es real y qué no lo es? ¿Cómo podemos estar seguros?

Sólo hay una manera de hacerlo: cuestionando y verificando todo por nuestra cuenta, de una manera sistemática y ordenada. Pero, ¿qué pasa cuando no tenemos ni los datos ni el tiempo de verificar cada afirmación que leemos? En ese caso, por lo menos debemos de hacernos preguntas básicas que exploren el origen de cualquier afirmación. Para hacerlo, existe el “Baloney Detection Kit” de Michael Shermer; un marco muy útil de 10 preguntas que podemos utilizar para analizar toda afirmación.

Sobre la fuente de la información

1. ¿Qué tan confiable es la fuente de la información?

A menudo, una fuente puede parecer muy confiable, pero examinando de cerca las citas y los hechos que usa, puede notarse que fueron distorsionados, tomados fuera de contexto, o incluso inventados. Por supuesto, todos cometemos errores, y a veces puede ser difícil distinguir un hecho falso de un error. La pregunta es: ¿muestran los hechos e interpretaciones señales de una distorsión intencional?

2. ¿Ha hecho la fuente afirmaciones similares?

Algunas personas tienen el hábito de siempre ir más allá de los hechos, mezclando sentimientos y perspectivas personales con los hechos reales. Es parte de la naturaleza humana que, por ejemplo, los que no creen en el cambio climático suelan hacer afirmaciones que no tienen que ver con la ciencia. Por eso, al tratar de probar una afirmación, hay que evitar los patrones de pensamiento que ignoran o distorsionan los datos de manera sistemática.

3. ¿La fuente está siguiendo las reglas de la ciencia?

¿La fuente comienza introduciendo una hipótesis neutral que quiere probar con evidencia concreta? ¿O empieza con una afirmación sesgada que intenta demostrar con técnicas de investigación cuestionables? ¿La afirmación está basada en hechos demostrables? ¿O está apoyada en razonamientos anecdóticos, teorías de conspiración o evidencias de baja calidad?

4. ¿La fuente está proporcionando evidencia?

Esta es una estrategia de debate clásico: Al criticar a tu oponente, y para evitar que éste haga lo mismo, no hagas afirmaciones basadas en tus creencias sino en hechos. Por lo anterior, no debes creerle a una persona si no ofrece evidencia para apoyar su afirmación.

5. ¿Hay creencias personales influenciando la información?

Toda la gente tiene creencias sociales, políticas e ideológicas que pueden afectar sus interpretaciones. ¿Cómo afectan estas creencias a las afirmaciones de la fuente? ¿Puede ésta diferenciar sus creencias personales de sus afirmaciones?

Sobre la evidencia que se presenta

1. ¿Las afirmaciones han sido verificadas por otra persona?

Siempre hay que preguntarse quién está verificando la afirmación y quién está verificando a esa persona. A menudo, la gente hace afirmaciones sin verificarlas o haciéndolo sólo mediante una fuente de su propia red. Esto no es suficiente. Verificar las cosas de forma externa es fundamental para realizar una afirmación legítima.

2. ¿La afirmación coincide con la manera en que funciona el mundo?

Es esencial que una afirmación extraordinaria sea colocada en un contexto más grande para ver cómo se adapta a éste. Por ejemplo, para explorar el origen de Teotihuacán, los arqueólogos tuvieron que investigar el contexto de la ciudad. ¿Qué más sabemos de la gente que vivió allí? ¿Qué nos dicen los restos de sus artefactos? ¿Qué nos dicen sus obras de arte, sus armas, su ropa? Sólo reconstruyendo el contexto de una pregunta podemos encontrar su respuesta.

3. ¿Ha tratado alguna persona de refutar la afirmación?

Con esta pregunta se detecta el “confirmation bias” o sesgo de confirmación: la tendencia a buscar evidencia confirmatoria y rechazar o ignorar la evidencia contraria. El sesgo de confirmación es poderoso, dominante y casi imposible de evitar. Es por eso que un énfasis en verificar y replicar es muy importante.

4. ¿Hacia dónde apuntan las principales evidencias?

La teoría de la evolución se ha probado gracias a la convergencia de evidencias de un número importante de investigaciones independientes. No fue una sola evidencia la que demostró la teoría de la evolución, fue la combinación de decenas de miles de descubrimientos. Los creacionistas, personas que apoyan la creación divina y no la científica, ignoran la ciencia a su conveniencia, enfocándose en cambio en anomalías triviales o fenómenos de la historia de la vida que todavía no podemos explicar. Al analizar afirmaciones, debemos ver qué nos dice la mayoría de las evidencias, no sólo las partes que nos convienen.

5. ¿Justifica la nueva teoría por lo menos la misma cantidad de fenómenos que la anterior?

Está bien no saberlo todo, pero no por eso podemos aprovecharnos de lo desconocido para probar una hipótesis. Una afirmación no puede ser justificada si hay otra que explica una mayor cantidad de datos. Para formar un argumento debemos aprovechar la mayoría de la evidencia.

Desafortunadamente, no existe un método infalible para saber si una afirmación es correcta o no. Pero hay una solución: mantén siempre tu mente abierta, y prepárate para reconsiderar tus puntos de vista cada vez que surjan nuevas evidencias. Al final, lo más importante es nunca dar por sentado lo que nos dicen: debemos cuestionarlo todo.

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