Siri: You’re Fired!

  • Oye Siri, he terminado mi trabajo ¿puedo irme?
  • Tu trabajo está completado sólo al 98.987%, no puedes irte.
  • Siri, llevo 12 horas en la oficina, puedo terminarlo mañana
  • No. La cláusula IV de tu contrato de trabajo inciso “d”; el reglamento de colaboración artículo IX sobre compensaciones y la ley federal de trabajo en su capítulo de relación laboral con inteligencia artificial, apartado “f”. Establece que no puedes abandonar tu puesto de trabajo si la calidad exigible no se ha cumplido, una violación a la normatividad implica separación inmediata de tu puesto de trabajo sin retribución. 

Esa fue mi conversación antes de que me corrieran. Siri consideró que la calidad, disposición y tiempo de entrega de mi trabajo no estuvo bajo los estándares que se le definieron desde el top management. A la mañana siguiente, ya no pude entrar al edificio. 

Hace tan sólo unos años salí de la oficina y compré en el Apple Store mi primer Voice Assistant. Lo instalé en casa y lo primero que le pedí fue: “Oye Siri, ¿cómo preparo una lasagna?”. Lo había comprado por recomendación de un amigo, el HomePod era un buen device para hacer más funcional mi casa, me daba agilidad para buscar películas en streaming, música para mis reuniones, recetas de cocina, mandar mensajes o hacer llamadas mientras limpiaba mi casa.

Poco después, mi HomePod sabía si ya manejaba de regreso a casa y era capaz de encender el aire acondicionado, prender las luces, ordenar comida para cuando yo llegara. También, si se lo decía, podía reservarme tickets de cine o hacerme alguna reservación en mi restaurante favorito, incluso sorprenderme enviándome y configurando mi GPS para que manejara al bar con mayor calificación y con mejor probabilidad de tener éxito. Me facilitaba la vida. 

Entonces, decidí comprar la nueva versión del HomePod. El OfficePod era un asistente que podía organizarme la agenda, apartarme las salas de junta, mandar correos de trabajo, dar seguimiento a proyectos y como era capaz de leer mi correo electrónico, sabía qué tenía prioridad y qué podía dejar pasar. Cada mañana, el OfficePod ya tenía listas las tareas a las que debía enfocarme, configuraba la cafetera, organizaba llamadas de seguimiento y enviaba mensajes.

El OfficePod ya había aprendido mucho de mí y de la empresa. Teniendo acceso a mi computadora sabía presupuestos, procesos, flujos y agendas. Mi OfficePod podía organizar con el OfficePod de mi jefe nuestras reuniones y llamadas, ajustaban entre ellos nuestras agendas para que yo pudiera reunirme con él y mi jefe no tuviera bloqueada la agenda. Lo mismo con los clientes y proveedores.

Ahorramos tanto tiempo en tareas poco productivas, que el  OfficePod se volvió obligatorio para todos los trabajadores de la empresa. Adiós tiempos muertos para revisar los correos. Se habían acabado “las reuniones que pudieron ser un correo”. 

Al final del año y mientras cerrábamos los resultados de la empresa, el OfficePod me corrigió:

  • Cerraremos el año con un crecimiento del 10% de la utilidad.
  • Rubén, eso es técnicamente incorrecto. No estás estimando adecuadamente la depreciación y los impuestos

Meses y versiones después, el OfficePod era capaz de revisar los estados financieros, comparar las bases, conciliar movimientos bancarios, revisar las declaraciones de impuestos, sugerir cambios y estrategias, y aplicarlas con el OK del responsable. Todo pasaba por el OfficePod, en todas las áreas. Medía los KPIs, aplicaba campañas, segmentaba, desarrollaba, mejoraba los productos, revisaba contratos, negociaba, cambiaba flujos del negocio, incrementaba ingresos, utilidades y corría gente. 

Si bien mi trabajo lo revisaba el OfficePod por si había algún error. Pronto empezó a hacerme sugerencias y después a ordenarme sobre qué hacer. Le definíamos reglas y las acataba, maximizaba y se hacía más eficiente. Si me salía del guión, lo corregía. Cuando no logré cumplir con sus requerimientos, me corrió. 

El avance de la tecnología y la inteligencia artificial cada vez se acelera más. El conocimiento previo cada vez es mayor, y permite que haya innovación sobre bases más sólidas. Sin embargo, no siempre comprendemos hasta qué punto tiene que avanzar la tecnología, qué se debe regular, o qué leyes claras y universales establecer para regir a la inteligencia artificial. Los asistente virtuales, en auge, todavía representan una pequeña porción de los devices que están en el mercado, pero hay temas fundamentales como seguridad, datos personales  y regulación que tendrían que estar siendo tratados ya. 

¿La tecnología será capaz de sustituir a la fuerza laboral? ¿será capaz de cambiar nuestro sistema económico, nuestra relación de propiedad? ¿será capaz de cambiar nuestras relaciones laborales? Seguramente sí, pero en distintos grados y medidas. Con la correcta regulación y definiciones, es probable que mi asistente personal me ayude a hacer mi trabajo de mejor manera y que no me diga: “you’re fired!”. 

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