-Para dos terceras partes de la gente en el mundo la palabra “desarrollo” es un recordatorio de lo que no son. Les recuerda una condición indeseable e indigna. Para escapar de ella, necesitan hacerse esclavos de las experiencias y sueños de otros.-

Gustavo Esteva

El poder ejecutivo de nuestro país declaró el mes pasado, fundamentando a partir de méritos propios, que sin importar quién sea el candidato electo en las próximas elecciones presidenciales, México mantendrá una ruta de crecimiento y de desarrollo.[i] Por supuesto, que a tan pocos meses de dar por terminado su mandato, no podríamos esperar menos de nuestro presidente, que como cualquier político que esta cerca de participar en la alternancia de poder, necesita hacer propaganda por los méritos logrados durante su mandato. En este caso la presidencia tuvo la oportunidad de adjudicar el desarrollo del país al “fortalecimiento institucional que tenemos y al equilibrio de poderes que hoy tenemos”.[ii] Pareciera que Peña Nieto no se ha enterado de que la percepción de corrupción en las instituciones mexicanas va en aumento en los últimos 3 años. También sería importante notar que en las elecciones actuales algunos de los temas más discutidos son la falta de un sistema anticorrupción y la problemática entorno a la nula autonomía de la Procuraduría General de la República. Por otro lado, Peña Nieto explica como pautas para el “desarrollo” nuestro nuevo marco legal constitucional y las reformas estructurales. Es cierto, el gobierno priista ha trabajado durante el sexenio en instalar reformas en pro del desarrollo. Es este desarrollo del que me gustaría exhibir algunos puntos.

¿Cuáles son las pautas para el desarrollo? El 20 de noviembre de 1949 el nuevo presidente de Estados Unidos, Truman, declaraba:

“Debemos emprender un nuevo programa audaz que permita que los beneficios de nuestros avances científicos y nuestro progreso industrial sirvan para la mejoría y el crecimiento de las áreas subdesarrolladas.

Para Gustavo Esteva, activista mexicano e intelectual, el hecho de que Truman utilizara la palabra “subdesarrollado” es la causa de que “desarrollo” cambiara su significado para siempre, convirtiéndose básicamente en un eufemismo. Una nueva percepción, de uno mismo y del otro, quedó establecida.[iii] El subdesarrollo comenzó aquel día, en el que miles de millones de personas se adjuntaron a esta etiqueta. Esteva ilustra la consecuencia diciendo que en realidad, desde entonces dejaron de ser lo que eran (las personas que entraron dentro del subdesarrollo), en toda su diversidad, y se convirtieron en un espejo invertido de la realidad de otros: un espejo que los desprecia y los envía al final de la cola, un espejo que reduce la definición de su identidad, la de una mayoría heterogénea y diversa, a los términos de una minoría pequeña y homogeneizante.[iv]

Regresando a la idea de que el desarrollo se convirtió en un eufemismo, éste sería uno que sugiere separarse de la problemática del subdesarrollo. Ahora el desarrollo sería la herramienta para crear la idea (ilusoria o no) de que se va por buen camino. Lo que Esteva pone en tela de juicio es que históricamente, a partir del uso estratégico de Truman en su acción política, el desarrollo se ha enfocado y reducido al económico, que se ha ejercido con más velocidad que un desarrollo social y que los lineamientos económicos son los mismos para todos los Estados, lineamientos que regiones subdesarrolladas deben procurar para salir del rezago. La aceleración del crecimiento económico en comparación al crecimiento paulatino del desarrollo social es tan notorio, que sólo basta con entender que en México el 50% de la población ingresa tan sólo 2000 pesos al mes, cuando los top 5 empresarios de Forbes mexicanos concentran el 9% del PIB en el país.[v] Es entonces cuando el desarrollo que menciona nuestro actual presidente se envuelve en un contexto únicamente económico. ¿Es en verdad tan importante ser la octava economía a nivel mundial para 2050? Yo no soy economista, ni experto en política, sin embargo observo y entiendo que seamos un país con bastas oportunidades para crecer económicamente, pero no entiendo por qué tenemos que dejar rezagado el crecimiento social. Si siempre nos comparamos con los países más desarrollados, tanto económica como socialmente, no vamos a llegar a ningún lado. Hace falta echar un vistazo al interior de nuestro país y entender las complejidades que afrontamos.

Por supuesto que los programas de desarrollo social han aumentado con el paso de las décadas y de los distintos poderes que ejercen el poder. También es importante reconocer los esfuerzos de la inversión privada por crear, cada día más, programas y espacios para el desarrollo social. Esfuerzos impulsados por el aprecio por nuestro país y muchas veces también, por la impotencia que se siente al ver que las instituciones públicas no han sido capaces de posicionar mejor la balanza entre desarrollo social y económico en México; y es que, tan solo por poner un ejemplo, existen entre 5,500 y 6000 programas de desarrollo social a nivel estatal y municipal que no están coordinados entre si. Esto ocasiona que los recursos destinados muchas veces no lleguen ni siquiera a las personas indicadas. Es decir, que muchos de los recursos que si se están invirtiendo en desarrollo social, ni siquiera están siendo aprovechados en su totalidad, información sumamente preocupante.

Sabemos que dos de las problemáticas a resolver en temas de desarrollo social son, por un lado, el acceso a la educación de calidad de toda la población y por otro, el incremento en el ingreso por vivienda; por supuesto que estás dos son parte de un grupo más grande y complejo de problemáticas. Pero… ¿Qué importa dar mejores ingresos a las viviendas si el crecimiento e inflación económicos se aceleran a un ritmo que los ingresos no pueden balancear? ¿De qué sirve una reforma educativa, si las oportunidades de educación no son para todos? Tal vez, deberíamos de crear un programa que nos permita bajar la velocidad con la que decidimos en que invertimos, que nos de tiempo de hacer un análisis profundo de los cuellos de botella y de las situaciones que más incursionan en el desequilibrio económico-social, para entonces poder discernir a favor de todos los mexicanos, que acciones debemos tomar para mantener un crecimiento económico aceptable y, más importante en la actualidad, que acciones en concreto van a acelerar el desarrollo social, de manera que en un futuro el crecimiento económico incluya a la mayoría y no a unos cuantos.

Me parece trascendental que cada uno de nosotros nos cuestionemos en qué nos afecta realmente que nos comparen con otros países económicamente. Muchos mexicanos que nos sentimos orgullosos de pertenecer a esta gran cultura, no nos damos cuenta que si queremos ayudar a progresar de manera mas plural y equilibrada, hace falta invertir (económicamente) en nosotros mismos y no siempre en las tendencias globales, también falta crear programas sociales específicos para derrumbar nuestras propias barreras y, lo más significativo, concretarlos. Para obtener el cambio que todos anhelamos, hay que empezar por ayudarnos a nosotros mismos y eso se logra procurando primero nuestro entorno.

 

Leto.

 

 

 

 

 

 

[i] http://www.excelsior.com.mx/nacional/sin-importar-quien-sea-electo-mexico-seguira-en-desarrollo-pena/1234476

[ii] Ibíd.

[iii] Diccionario del desarrollo completo, 2011. ONU

[iv] Ibíd.

[v]https://www.forbes.com.mx/el-paradigma-del-desarrollo-social-fracaso-expertos/

 

A veces imagino que soy una persona optimista; me proyecto amaneciendo todos los días y me veo confrontado al enterarme de los terribles sucesos que ocurren a nivel mundial. Es un momento complicado para el optimismo, saber que a lo largo y ancho de nuestro planeta, día con día, miles de vidas terminan por los distintos tipos de guerra y conflictos armados que existen.

De hecho, Steven Pinker y Andrew Mack, confrontan esta situación ironizando que nunca hay reporteros diciendo que están en un país donde una guerra no comenzó o que nunca hablan de un sitio donde una bomba no explotó, o una escuela donde no hubo una balacera. Pinker y Mack entienden que mientras exista la violencia, habrá siempre oportunidad de llenar las noticias con incidentes de esta índole; además explican que la mente humana recurre siempre a los ejemplos que tenemos frescos, por lo que las personas que leen noticias tendrán siempre una visión de que vivimos en tiempos peligrosos. También es importante, para estos autores, remarcar que son los millones de smartphones los que convierten a un quinto de la población en reporteros de crímenes e incidentes violentos.

Considero este último punto una puerta para comentar este fenómeno. Básicamente, se convierten en reporteros todas las personas que comparten información dentro de la red. Arjun Appadurai, sociólogo indio, explica que el mundo está ahora claramente conectado por múltiples circuitos, a través de los cuales el dinero, las noticias, las personas y las ideas fluyen, se encuentran, convergen y dispersan de nuevo, todo esto dentro de un contexto de inmediatez. Esta idea explica el constante ciclo por el que se mueve la mayoría de la información a nivel mundial.

Pinker y Mack proyectan un mundo en el cual la violencia y los conflictos armados ha disminuido gradualmente con el paso de los siglos. Me parece importante entender que es cierto, las estadísticas lo demuestran. Sin embargo, hay que poner atención a la administración del miedo. Paul Virilio, filósofo francés, habla de este concepto y explica que el miedo y su administración están soportadas por la increíble propagación de la tecnología en tiempo real. Este progreso tecnológico va acompañado de propaganda y la combinación del dominio de la tecnología científica y la propaganda, reproduce todas las características de ocupación, tanto la física como la mental. De esta manera se explicaría y se eliminaría la parte irónica del punto de Pinker y Mack, que explica como nos convertimos en reporteros de los crímenes violentos. El miedo que existe a nivel mundial se administra por medio de la tecnología y sus usuarios, lo que hace entendible que vivamos con una cierta claustrofobia, en un espacio en el que podemos ser atacados en cualquier momento.

Virilio identifica una problemática real del uso de las tecnologías, introduciendo el problema de la aceleración. El filósofo francés explica que hay una “propaganda del progreso” , refiriéndose al tecnológico y pone como ejemplos la creación de barcos, aviones y trenes cada vez más grandes y rápidos. Virilio contrasta el progreso con el costo del mismo, de tal manera que en cuanto más se progresa, más grande será el costo del progreso en el futuro. Cómo se progresa en todos los aspectos de la vida humana, la catástrofe final sería integral.

Para entender el tema de la aceleración, Virilio introduce el concepto de bomba informática, una que va a la velocidad de la luz y que es perpetua en nuestras vidas. Esta bomba afecta ámbitos sociales, culturales y económicos. Una característica que produce la bomba de información que se mueve sin barreras de velocidad a lo largo del mundo, es el poder de crear sentimientos globales (es la globalización de los afectos en tiempo real por ejemplo: temblor 19 septiembre, atentados en París, los refugiados, etc.), creando una preocupación generalizada o “claustrofobia global” entre los humanos alrededor del mundo, fomentando así una ansiedad global. La inmediatez acelera su velocidad por medio de esta bomba de información y de esta manera se hace entendible que el tiempo real también se aprecia más veloz. Por lo tanto, habría que cuestionarnos individualmente como cabemos dentro de estos conceptos, que tanto participamos en la creación y transmisión del terror. También habría que preguntarnos porque nos sentimos tan identificados y con tantas ganas de ayudar a las personas que sufren por un suceso momentáneo, cuando todos los días hay millones de personas sufriendo a nivel mundial. -¿Pero de qué me hablas? ¡Si, Je suis Charlie!- Por favor.....

Me parece importante retocar el tema del terror y la percepción de miedo que podemos tener por la información que recibimos, a pesar de saber que la violencia ha disminuido gradualmente con el paso del tiempo. Yo creo que todos sabemos que es complicado que de un segundo para otro, vaya a llegar un ejercito de aviones para bombardear la zona donde nos encontramos. Los conflictos bélicos son históricamente organizados y se declaran las guerras entre los Estados en conflicto. Hoy en día existe un desequilibrio del terror, ya que el miedo que tenemos como personas de ser atacados, y cuando me refiero a ser atacado me refiero a lo peor, no es pensando necesariamente en ser atacado por un ejercito, el desequilibrio del terror ocurre cuando somos conscientes de que un sólo individuo tiene la capacidad de causar tanto daño como cualquier medio de poder militar. Por lo tanto ya no hablamos de guerras entre estados que organizan ataques, sino de guerras celulares que pueden suceder en cualquier instancia de nuestras vidas y en cualquier lugar de manera inmediata. Es este el punto donde sucede el desequilibrio, las armas que se usan no son igual de sofisticadas que las de un ejercito, pero son volátiles, transportables y muy efectivas. Según Virilio, la posibilidad de un sólo individuo de crear una guerra total es terrorífico, ya que cambia el paradigma histórico de conflictos armados y se pierde el sentido de escala por completo.

Con respecto a esto último, en mi opinión, pierde importancia describir y entender gráficamente la disminución de violencia que vivimos, como lo pretenden Pinker y Mack, lo que genera importancia es entender las nuevas problemáticas a las que nos enfrentamos como sociedad global y considero también importante crear nuevas estrategias para evitar que estos conflictos crezcan y se fomenten. Ya que la mayoría participamos en esta red de información y creación de sentimientos globales, habría que aprovechar para crear objetivos reales y planificar una lucha solidaria contra las amenazas que vivimos hoy en día (¡Sí, el uso de la tecnología también es una de ellas!). Por último, cabe mencionar que Pinker y Mack no dejan de lado una gráfica que no apoya mucho sus ideas, la cual demuestra como los conflictos armados como los que describí, causados por un solo individuo o grupo de personas pequeño, si han incrementado con el paso de los últimos años. Considero importante que afrontemos esta realidad y trabajemos por mejorar, en vez de ser optimistas porque hacemos cada vez más uso de los derechos humanos universales.

 

¿Qué cambiarías en tu vida si tuvieras la capacidad de identificar las señales y recompensas que desencadenan rutinas buenas y malas de tu día a día? ¿Qué cambiarías en tu vida si tuvieras la capacidad de almacenar nuevos comportamientos en un lugar privilegiado de tu cerebro, donde estas conductas se vuelven hábitos? ¿Qué cambiarías?

Alvaro Bilbao comenta en su libro "El cerebro del niño explicado a los padres"(i) que las recompensas asociadas a una conducta son la mejor manera para reforzar el comportamiento de un niño. Estas recompensas generan una sensación de satisfacción en los niños, lo que puede ser el detonante para la creación de un hábito y debemos ser cuidadosos en las conductas que reforzamos, ya que el hábito a crear puede ser bueno o malo; el cerebro no distingue. Como ejemplo, plantea a un niño que llevado por la curiosidad descubre en el armario una caja de galletas de chocolate. Al comer una galleta, su cerebro experimentará inmediatamente gran satisfacción y esta sensación de satisfacción (recompensa) se asocia de manera inmediata al acto de curiosear (rutina). Para este ejemplo el hambre puede ser la señal que detone esta conducta y así esta práctica visible se convierte en un hábito.

En 1993, en San Diego California un hombre de 71 años llamado Eugenie Pauly sufrió una encefalitis viral, enfermedad que atacó a su cerebro en la región donde se almacena la memoria de corto plazo. Eugene no era capaz de recordar lo que había hecho hace un minuto, podía repetir acciones una y otra vez, mismas que olvidaba. La esposa de Eugene acostumbraba acompañarlo a una caminata por el vecindario de su casa debido a su enfermedad. Un día Eugene salió de su casa, al notar esto su esposa se aterrorizó pensando que no volvería, pero quince minutos más tarde Eugene regresó. Para Larry Squire (especialista en psiquiatría, psicología y neurociencias de la Universidad de California) fue un descubrimiento el observar como la enfermedad no había dañado el lugar donde se alojan los hábitos, esa estructura primitiva del cerebro llamada "ganglios basales".

El ciclo del hábito.

Charles Duhigg en su libro "El poder de los hábitos"(ii) identifica el patrón que forma los hábitos en un ciclo de tres pasos: la señal, la rutina y la recompensa. La señal es el detonante para nuestro cerebro, es quien le da la orden de realizar una acción determinada; la rutina es la experiencia física o mental de esta acción y finalmente la recompensa le otorga a nuestro cerebro el grado de satisfacción y le indica si esa conducta es se puede convertir en un hábito ¿interesante?

¿Por qué algunas conductas como hacer ejercicio para bajar de peso o dejar de fumar no se vuelven hábitos? En la mayoría de los casos la respuesta está en cualquiera de los elementos del bucle, elegir bien la señal, cambiar el hábito o mejorar la recompensa son factores determinantes para convertir una conducta en hábito. Para las personas que desean bajar de peso una buena señal sería preparar y planear la rutina de ejercicio, dejar los tenis y la ropa deportiva lista un día anterior y al finalizar la rutina comer un poco de chocolate ¿comer chocolate? ¡si lo que quiero es bajar de peso! Bueno, en principio tu cerebro no creerá que estás disfrutando el hacer ejercicio por lo que una buena recompensa puede ser el engañarlo con un poco de chocolate, al paso de unas semanas tu cuerpo no lo necesitara. El ejemplo anterior fue un estudio que se hizo en Alemania, se pudo demostrar como el cerebro paulatinamente se vió recompensado por otras sustancias como las endorfinas y dopamina derivadas de la actividad física.

Este ciclo del hábito es tan poderoso que para los mercadólogos representa una herramienta valiosa, veamos otro ejemplo que cita Charles: En los años 90 Procter and Gamble (P&G) introdujo Febreze, un producto para eliminar malos olores. En su introducción al mercado Febreze fue un fracaso, los consumidores objetivo no lo compraban, pues estaban habituados a los malos olores en sus casas (por ejemplo). Después de un estudio de mercado notaron que cuando una persona terminaba de limpiar un vidrio o de concluir con el aseo, su semblante reflejaba una pequeña sonrisa o un gesto de alegría, cambiaron la estrategia de Febreze y es ahora el toque final cuando terminas de hacer el aseo, la recompensa. Tal vez muy pocas personas sepan que Febreze en un poderoso eliminador de olores, P&G creó un hábito en los consumidores que representa un negocio de 1000 mdd anuales.

Nuestro cerebro tiende a formar hábitos para reducir esfuerzos, operan de manera separada a la parte responsable de la memoria, solo necesitan una señal y una recompensa. Según una investigación de la Universidad de Duke en 2006, el 40% de las acciones que ejecutamos en nuestro día a día son hábitos, no decisiones. Posiblemente en este momento estás pensando que crear hábitos hubiera sido mejor cuando fuiste niño, te equivocas. Nuestro cerebro es capaz de cambiar partes de su vida (hábitos) en cualquier momento, cuando esto sucede empezamos a pensar que puede cambiar el resto.

El ciclo del hábito es una herramienta poderosa para cambiar costumbres en nuestra vida, la regla de oro consiste en identificar la señal y la recompensa, en el caso de los hábitos perjudiciales resulta valioso comprender estos dos patrones para no extinguir el hábito sino cambiar la rutina por otra benéfica.

Ahora bien, si requiere el mismo esfuerzo la creación de un hábito positivo o negativo, ¿por qué no sacar el mejor provecho de nuestro cerebro mediante el uso de recompensas estratégicamente diseñadas para crear los buenos hábitos que tanto nos ha costado generar? Es momento de aprender nuevos hábitos y hacer que tu cerebro evolucione. Nuestra vida representa un gran taller para ensayar, el ciclo del hábito es una práctica que se puede escalar a cualquier contexto donde se desee cambiar esos supuestos básicos y creencias invisibles sobre las cuales opera nuestra cultura (doxa). Cristalizar el doxa con hábitos y dinámicas culturales (habitus) lo harán perpetuo.

(i) Bilbao, Álvaro. (2017) El cerebro de los niños explicado a los padres. Barcelona, Plataforma Editorial.
(ii) Duhigg, Charles, (2014) The power of habit. New York, Random House Company.

Todos los días llevamos a cabo acciones y actividades que no requieren toda nuestra atención, sino que por el contrario las realizamos por nota e inconscientemente: tomar café diariamente, hacer ejercicio o revisar el celular por la mañana son situaciones que ocupan nuestro tiempo sin que nosotros estemos conscientes de ello y para las que el cerebro ha reservado un espacio con el objeto de evitarnos gastar energía cuando las realicemos. Estas acciones reciben el nombre de hábitos y estos se encuentran tan incrustados en la personalidad y en la vida diaria que identificarlos no es una labor sencilla, incluso se pueden adquirir algunos nuevos sin que se note que hay una forma reciente de actuar respecto a diversos factores que se presentan en la cotidianidad. En su conferencia “The power of habit”, Charles Duhigg los define como decisiones que se toman en determinados momentos para ciertas situaciones y que, en ocasiones posteriores, ante igualdad de condiciones, se dejan de tomar para solamente actuar de la misma manera en la que se hizo previamente; además indica que existe un ciclo consistente en una señal que activa una rutina y para la cual siempre existirá una recompensa que será la que de perdurabilidad a este ciclo.[i]

Basado en lo anterior es posible considerar que los mismos parámetros utilizados para estudiar los hábitos personales son aplicables a los que como sociedad desarrollamos y que tienen implicaciones directas en la realidad diaria de nuestro ámbito profesional. En este sentido me gustaría repasar dos hábitos sociales mexicanos que experimentamos día con día y que, a mi parecer, constituyen un lastre anacrónico que imposibilita que alcancemos los niveles de desarrollo necesarios para el bienestar de todos: la educación y la cultura del esfuerzo.

Respecto a la educación, históricamente los hábitos nacionales han estado enfocados a memorizar los contenidos y dogmas que se aprendían en los colegios sin que se fomentará en los alumnos la capacidad de crítica y análisis que los problemas del país requieren. Dado lo anterior, la sociedad mexicana de hoy en día es una que está más acostumbrada a repetir viejas consignas nacionalistas, a tener una postura maniquea de los personajes que han marcado agenda en la historia, y a no estar dispuestos a afrontar los cambios que México necesita para poder darle viabilidad a las futuras generaciones. Haciendo el análisis con las premisas propuestas por Duhigg, la rutina consiste en ir a la escuela a memorizar teniendo como recompensa que no habrá necesidad de realizar mayor esfuerzo para entender variables complejas que se presentan en el día a día, sino que todo simplemente se solucionará repitiendo las viejas consignas a las que se está acostumbrado.

El segundo factor es la falta de hábito que existe a la cultura del esfuerzo, o dicho de otra manera, el hábito a la ley del mínimo esfuerzo. En varios ámbitos dentro de México cuesta mucho trabajo entender la importancia de proyectos a largo plazo que requieren planeación, dedicación y disciplina; los hábitos que existen son enfocados a soluciones de corto plazo, enfocadas más a paliar problemas que a dar soluciones de fondo a grandes retos. (Ejemplos de lo anterior son particularmente observables en las decisiones gubernamentales)

La inercia del país respecto a los dos hábitos mencionados anteriormente ha resultado muy difícil de romper durante el periodo de implementación de las llamadas reformas estructurales emanadas del “Pacto por México” y dicha resistencia se ha acentuado debido a que no existe una recompensa en general que logré alinear los hábitos de los mexicanos. Sucede lo mismo que los consumidores potenciales de cierto producto aromatizante para Procter & Gamble, en donde los primeros no consumen el producto debido a que creen que, aunque es muy bueno, ellos no lo necesitan. Por el mismo camino, la mayoría de la gente en México no cree necesitar los cambios que se están implementando y no están dispuestos a participar en ellos. Sin embargo, ciertos experimentos nos dan la pauta de que es necesario alinear las recompensas de la población para que la gente modifique sus hábitos.

En particular me gustaría citar el estudio “How to get addicted to good habits”[ii] de Reshmaan Hussam, profesora de Harvard, en donde ella y su equipo realizaron ciertas intervenciones en una población en la India para ver si era posible que la gente adoptará buenos hábitos tal como lavarse las manos. Para lo anterior, establecieron ciertas características que dieran una base sólida de partida y ser medianamente aceptados en la población, como que el jabón hiciera espuma (sensación de limpieza) y que no fuera muy perfumado (la gente comía con las manos y los olores se podían mezclar). Los resultados consistieron en que la gente era capaz de adoptar hábitos si se establecían dos variables fundamentes: monitoreo y recompensas económicas. Pero lo más importante es que respecto al factor económico, este sólo fue un aliciente temporal para que la gente se lavara las manos. De hecho, dado que se otorgaban boletos con valor económico por lavarse las manos a un grupo, se observó que el impacto en el hábito deseado de dar entre cero y un boleto era enorme pero que el impacto marginal a partir de tres boletos era muy pequeño. Más aún, el hábito continuó incluso después de que se dejaron de dar los boletos debido a que los beneficios para la salud de lavarse las manos antes de probar alimentos eran palpables.

Regresando a los dos hábitos mexicanos enunciados anteriormente, el identificarlos es inútil si no se plantea solución alguna que permita alinear los objetivos para modificar las recompensas existentes para esos fenómenos; aún más, plantear soluciones no servirá de nada si no somos capaces de implementarlas en la sociedad y dotarlas de una estructura que les permita su supervivencia a lo largo del tiempo. Estoy convencido de que esa recompensa en la sociedad mexicana pasa más por alinearla que por inventarla, por tener el liderazgo con estatura moral que logré aterrizarla a la población en general y mantener la estructura que se ha venido construyendo a lo largo del tiempo: es importante analizar en donde estamos posicionados en México y buscar la recompensa que nos permita mantenernos en este hábito.

Gary S. Becker y Kevin Murphy desarrollaron el concepto económico de Adicción Racional, en el que la racionalidad consiste en un plan para maximizar la utilidad a lo largo del tiempo y en donde una fuerte adicción a un bien es propiciada por efectos muy grandes de consumos anteriores de dicho bien en el consumo actual. A lo anterior nos deben de conducir los buenos hábitos sociales para que se configure un circulo virtuoso en que se pueda siempre caminar hacia adelante. Y mientras tanto nos corresponde como individuos y profesionistas contribuir al desarrollo de esos hábitos sociales desde nuestro día a día entendiendo a fondo lo que hacemos, desarrollando ideas que generen valor agregado en el largo plazo y cuyos beneficios puedan ser permeados tanto a la sociedad como a las personas que junto a nosotros pueden comenzar a realizarlas. En un podcast para Harvard Business Review, Duhigg afirmó que el éxito de una compañía está definido por los hábitos que surgen al interior de ella más que por la estrategia corporativa misma[iii]; es por esto último que sostengo que los cambios deben de llegar desde dentro de la sociedad, buscando nosotros esos impactos exponenciales que da el ir sumando nuevos integrantes que a su vez integrarán a otros más a este círculo virtuoso.

[i] Duhigg, C. (2012) El poder de los hábitos. Barcelona: URANO.

[ii] Nobel, C. (2018). How to Get People Addicted to a Good Habit. Harvard Business Review. Recuperado 29 de Marzo de 2018. https://hbswk.hbs.edu/item/how-to-get-people-addicted-to-a-good-habit

[iii] Fox, J. (June 2012). Habits: Why we do what we do. Harvard Business Review. Recuperado 29 de Marzo de 2018. https://hbr.org/2012/06/habits-why-we-do-what-we-do

¿Alguna vez te ha ocurrido subir al coche, arrancar y llegar a tu destino sin siquiera saber cómo llegaste? No te preocupes no eres al único al que le sucede y el culpable no eres tú, son tus hábitos.

En el maravilloso libro “El poder de los hábitos” del autor Charles Duhigg, el cuál creo que todos deberían leer en algún punto de sus vidas (cuanto antes mejor), nos hablan de las implicaciones de nuestros hábitos en nuestro comportamiento día a día.

El hábito es aquel comportamiento cotidiano que realizas sin saber que lo estás realizando, es cuando tu cerebro decide “ahorrarte espacio” para liberarte de cargas y presiones por medio de la automatización. Es cuando despiertas y en automático entras a la regadera, te lavas primero el cabello, después el cuerpo sin cambiar el orden y esto sucede porque siempre lo has hecho así, el cerebro lo ha detectado y ha decidido ayudarte con esta decisión que considera irrelevante como para que tú le dediques tiempo. Lo mismo pasa al cepillarnos los dientes, colocar la pasta dental en el cepillo y comenzar por el lado derecho superior siempre (en mi caso), izquierdo y después abajo, para repetirlo después una y otra vez. Como estos tenemos miles de ejemplos de hábitos personales y estoy seguro de que ya estás pensando en ellos en este momento.

A lo largo de tu vida has ido adquiriendo más hábitos y esto se debe a algo llamado “El bucle del hábito”. Advertencia, suena como si el cerebro fuera tu aliado, pero no siempre lo es (risa malévola de fondo). Ahorrar esfuerzo mental es engañoso, porque si nuestro cerebro descansa en el momento inadecuado, puede que pasemos por alto algo importante, como un coche que viene demasiado rápido o un peatón imprevisto.

Tomemos un ejemplo del libro para entenderlo mejor; a principios de 1990 investigadores del MIT realizaron un experimento compuesto por un chocolate, un laberinto y una rata. A la rata se le implantó algo similar a un “joystick” y docenas de cablecitos insertados en su cerebro. Después se le colocó detrás de una compuerta en el laberinto con forma de T y al final como recompensa se hallaba un chocolate.

Se escuchaba el “clic” de la compuerta abriendo y las ratas comenzaban su trayecto. Las primeras veces les tomaba mucho tiempo hallar el premio, divagaban por el pasillo hasta llegar al final de la T y doblaban en el sentido erróneo. Después de varios intentos, ya cuando conocían la dinámica y sabían en dónde se encontraba la recompensa, su cerebro operaba de modo automático. Los estudios arrojaron la siguiente información del comportamiento cerebral durante la actividad:

Últimos ejercicios

Primeros ejercicios

 

 

 

 

 

 

Las primeras veces el cerebro trabajaba al máximo para dar con la recompensa olfateada, sin embargo, después de semanas de práctica la actividad se redujo porque la rata estaba familiarizada con la actividad y había dado permiso a su cerebro de trabajar automáticamente.

En cuanto escuchaba el clic, sabía que habría una recompensa y en automático se dirigía al premio.

El bucle del hábito

Todo esto en conjunto desarrolló lo que se conoce como “El bucle del hábito” y éste específicamente se encuentra en nuestros cerebros en los Ganglios Basales (estructuras neuronales situadas dentro de cada hemisferio cerebral).La señal es el detonante que informa al cerebro que puede ponerse en piloto automático y el hábito que ha de usar. La rutina, que puede ser física, mental o emocional es el segundo paso del bucle y por último tenemos la recompensa, que ayuda al cerebro a decidir si vale la pena recordar en el futuro este bucle en particular.

Un componente adicional que se encarga de alimentar el bucle del hábito es el deseo. El deseo es lo que hace que las señales y las recompensas funcionen. Y para poder identificar un deseo necesitamos primero lograr identificar los detonantes. Aquí es en donde entra el poder del hábito, los hábitos son tan poderosos porque crean deseos neurológicos.

Afortunadamente los hábitos se pueden modificar. Para cambiar un hábito es necesario conservar la señal y la recompensa, lo único que se debe hacer es insertar una nueva rutina. Por lo tanto si quieres cambiar un hábito tu primer tarea será identificar la señal, pongamos el ejemplo de un alcohólico quien en momentos de presión recurre al alcohol. La señal en este ejemplo serían los momentos de estrés, la rutina sería ingerir bebidas alcohólicas y la recompensa sería la liberación de estrés o presión. En esta situación en específico se debería reconocer que el objetivo principal del hábito es huir de la situación que está provocando el estrés o la presión por lo tanto se tendrá que modificar la rutina y reemplazarse por una nueva como bien podría ser realizar ejercicio. Varios estudios demuestran que al ejercitarnos liberamos endorfinas y reducimos niveles de estrés.

Tanto para empresas como para individuos existen los hábitos, lo único que cambia es el término que se emplea. Las personas tienen hábitos mientras que los grupos tienen rutinas.

Ahora que conocemos cómo funciona un hábito y sus componentes, además de agregar el deseo, muchas veces es necesario añadir a la “receta” convicción. Convencernos a nosotros mismos de que el cambio es necesario, recordar las razones por las que queremos modificar un hábito.

El último ingrediente que puede ayudarnos a modificar un hábito es la Fe y no en sentido religioso. La Fe es el ingrediente que hace que el bucle del hábito se convierta en una conducta duradera. La Fe parece ser esencial a la hora de reemplazar un hábito y que mejor que una comunidad para crear Fe ya que es más fácil generarla cuando se produce dentro de una comunidad.

El éxito detrás de varias empresas como 54D, 8W, 14K, Rbk60 y hasta el mismo alcohólicos anónimos, se centra en la comunidad como fortaleza para modificar un hábito. El cambio ocurre cuando estás con otras personas, se torna más claro cuando lo aprecias en los ojos de los demás. Es increíble el poder de un grupo para provocar cambios.

Para concluir me gustaría compartir un ejercicio propuesto por Duhigg. Semanalmente el autor nos recomienda proponernos las metas que queramos alcanzar a lo largo de la semana por medio de la siguiente frase: “Mis metas para esta semana son:”.

La importancia del ejercicio se centra en que la fuerza de voluntad no es solo una habilidad, hay que verlo como un músculo que al igual que los brazos y las piernas, se cansa cuando trabaja duro y por lo tanto le queda menos fuerza para hacer otras cosas. Cuando una persona refuerza sus “músculos” de fuerza de voluntad en un aspecto de su vida (ej:ejercicio), se afecta positivamente todo lo demás. Los buenos hábitos parecen extenderse en otros aspectos de su vida.

Por estas razones hay que diseñar deliberadamente los hábitos de fuerza de voluntad, hay que diseñar rutinas (pasos) para seguir adelante cuando los músculos de la fuerza de voluntad empiecen a flojear.

Para comenzar a transformar nuestras vidas, me parece muy importante que nos preguntemos porqué hacemos las cosas y si algo no nos gusta, estar conscientes de que los cambios son posibles cambiando nuestras rutinas. Un hábito se comienza a hacer cuando se practica algo por 21 días seguidos, así que los invito a reflexionar sus “clic’s, rutinas y recompensas” y a hacer las cosas de manera más consciente.

Duhigg, C. (2012) El poder de los hábitos. Barcelona: URANO.

Collective Academy // Topic: Never Die

Estoy escribiendo este ensayo sentada en el cuarto 114 del hospital ABC de Observatorio, esperando a que despierte una de las personas más significativas en mi vida. El miedo me invade a ratos, pero a la vez entiendo que muchas veces no podemos controlar el flujo natural de las cosas aunque así lo deseemos.

En la actualidad a medida de que la tecnología avanza a pasos desmesurados existen algunas personas que encuentran valor en el preservar sus cuerpos o cerebros con la esperanza de volver al mundo más adelante. Hoy en medio de uno de los momentos más difíciles de mi vida puedo entender porque alguien lo haría, entender esa necesidad de aferrarnos a seguir aquí.

Si el día de hoy alguna facilidad nos diera la oportunidad a mi y a mi familia de tener a mi abuela por más tiempo sin duda lo tomaríamos, sin embargo el hecho de pensar que este reencuentro sería en el futuro me hace entender que de nada sirve volver con vida si no estamos con las mismas personas con la que nos fuimos.

Sabemos que cuando llega la muerte todo se acaba, pero la realidad es que si esta no existiriera la vida no sería tan significativa. La dualidad de la vida y la muerte nos permite disfrutar de la vida al máximo porque nunca sabemos cuando el fin llegará.

Imagínate ahora que todo cambia, la muerte no representa la misma incertidumbre y sabes que tu estancia en este mundo esta garantizada gracias a los avances tecnológicos ¿seguirías maximizando cada uno de tus momentos de la misma manera?

La realidad es que no. Iríamos por la vida viviendo en "el mañana" destinados a permanecer en nuestra "zona segura". El estar lejos de una facilidad donde podrían atendernos nos provocaría intranquilidad y no tomaríamos el riesgo de hacer muchas cosas por temor a terminar con nuestras vidas de manera abrupta.

¿Realmente podríamos llamarle a eso vida?

Lo que nos hace vivir no es nuestra permanencia en la tierra, somos más que nuestro cuerpo porque somos lo que hacemos todos los días y el efecto que dejamos en las personas que nos conocen.

¿Podríamos regresar al mundo siendo las mismas personas que éramos cuando nos fuimos?

Posiblemente. La tecnología ha avanzado con tanta velocidad que lo que hoy conocemos como real va a ser completamente diferente en cuestión de 10 años. El mundo cambia constantemente y existe una probabilidad bastante alta de que lo que hoy consideramos como muerte absoluta el día de mañana sea diferente.

Si tomamos el riesgo de considerar estas opciones debemos tener la mente abierta y prepararnos para lo que viene en el futuro. Entender las implicaciones de esto es sumamente importante para poder prepararnos para tomar el riesgo de algo que posiblemente pueda funcionar más adelante.

Lo más importante que tenemos en esta vida son las relaciones y personas que existen en ella, por eso creo que podríamos arriesgar e invertir nuestro dinero en este tipo de tecnologías pero con las personas que queremos. Preservar nuestros pensamientos, recuerdos, sensaciones y habilidades para razonar la realidad no me parece arriesgado cuando pienso que lo podríamos hacer en conjunto.

El  fin de nuestras vidas representa la señal de que hemos vivido, el recuerdo de las personas con las que lo hemos hecho y aunque nos de intranquilidad aceptar este espacio desconocido es un recordatorio constante de que las cosas cambian cuando menos lo esperamos y si vamos a invertir en tecnologías que nos den la posibilidad de regresar más adelante debemos hacerlo con la misma mentalidad y siempre maximizando cada instante. 

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