La revolución tecnológica ha tenido un boom considerable y está modificando la manera en que los individuos interactúan entre sí. Por poner un ejemplo fácil, recuerdo que aún en mi año de intercambio las llamadas telefónicas a casa para hablar con la familia eran cosa seria y meticulosamente organizadas para que estuvieran presente al otro lado de la línea todos los que le sostenían a uno el alma a tan larga distancia, los abuelos en primera fila; hoy, “apenas” 10 años después, la facilidad con la que uno puede mantener contacto con los seres queridos es pasmosamente más sencilla, permanente y con una gama de posibilidades que va desde mensajes de texto, mensajes de voz, videoconferencias, memes e incluso algunas bromas de mal gusto cuando uno abre ciertos mensajes en el whatsapp. Todos estos cambios trajeron consigo nuevas configuraciones en las economías de los países y, mientras todo esto sucedía, una vieja palabra comenzó a cobrar auge como reguero de pólvora en los corrillos empresariales y gubernamentales: la productividad y el efecto de que a primera vista, con los avances tecnológicos, esta debería de incrementarse.

Pero, ¿Qué es exactamente la productividad? El Foro Económico Mundial la enfoca muy bien y la cataloga simplemente como la cantidad de un bien producida por un trabajador, siendo que a mayor cantidad, mayor productividad; además, para medirla se plantea la siguiente fórmula: Productividad=Unidades Producidas/Unidades Invertidas. Dado que no es el propósito de este artículo, no entraré en detalles sobre medición y comparabilidad sino que lo realmente destacable del texto en cuestión del WEF (Foro Económico Mundial por sus siglas en inglés) es la siguiente gráfica que muestra un comparativo en la productividad de economías avanzadas entre los periodos de 1996-2004 y del 2004-2014.[i]

Más allá del evidente descenso en la productividad para ambos periodos, lo interesante de la medición es que la disminución en la productividad de Reino Unido fue mucho mayor a la experimentada por Francia, no obstante en esta última los empleados trabajan menos horas por semana y en donde las leyes laborales son mucho más estrictas. Como apunte, el artículo menciona que de acuerdo al Chartered Management Institute, la cultura enfocada al trabajo sin importar las horas laborales y a manejar altos niveles de estrés contribuyen a esta mayor disminución de la productividad en el Reino Unido comparado con Francia[ii]. Todo esto es también aplicable a México en donde el número de horas trabajadas al año es el más alto entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) como se muestra en la siguiente gráfica:[iii]

Por todo esto, el debate sobre cómo aumentar la productividad ocupa muchas páginas hoy en día y de hecho varios estudios sobre lo anterior se han venido realizando en instituciones de prestigio, pero una propuesta llama la atención por su carácter disruptivo: el acortar las horas laborales de la semana. El mismo WEF publicó un artículo titulado “Why wasting your time could be the key to productivity” en donde expone las bondades que nos dan el enfocarnos a cuestiones que, aunque no son del todo productivas para la visión general que tiene hoy en día la sociedad, lo son en extremo para nosotros y al ser de esta manera permiten que nos encontremos en mejores condiciones para desarrollar mejor nuestro trabajo.[iv]

Partiendo de todo lo anterior, para mejorar la productividad en México, el empresario Carlos Slim puso sobre la mesa de las discusiones nacionales la posibilidad de acortar la semana laboral en México buscando básicamente que la edad de retiro de los empleados sea mucho mayor (pasar aproximadamente de los 65 años a los 75), ampliar las jornadas laborales de estos tres días para que la economía en su conjunto se mantenga funcionando las 24 horas del día y dar espacio los demás días para que los empleados se enfoquen en las cuestiones que realmente son importantes para ellos. Sin embargo, diversos cuestionamientos se han suscitado entre economistas mexicanos, y en especial vale la pena ver la entrevista que dió a CNN Gerardo Esquivel y que parte de tres premisas básicas: [v]

  1. La idea de que la productividad aumenta por trabajar menos días a la semana pero más horas diarias se contradice por sí misma, ya que no es posible pensar que pasadas las ocho horas de trabajo diarias el trabajador mantenga la misma productividad que al principio del día. Otra opción sería trabajar los mismos días a la semana pero menos horas diarias.
  2. También no es necesariamente cierto que en países como México un trabajador, dados los bajos salarios que tenemos, utilizaría los días restantes para descansar sino sería usado para buscar otras opciones de ingreso para completar el salario. De hecho, aunque se mantuvieran los sueldos de los trabajadores, más personas estarían buscando trabajo y eso empujaría los salarios a la baja.
  3. Por último, los trabajadores actuales no necesariamente se van a jubilar a la edad que plantea Carlos Slim, sino que pertenecen a una generación más joven cuyo sistema de pensiones funciona de manera diferente, basada en los ahorros de la vida laboral en las AFORES, y no tienen los 65 años como edad de retiro.

Como conclusión, quisiera traer a colación a Samuel Huntington quien acuñó en su teoría de Choque de Civilizaciones el concepto de un País Desgarrado para definir a aquellos países que en algún momento de su historia, por razones geográficas, han decidido modificar su cultura/civilización; así, México ha batallado históricamente entre su posición Norteamericana y Latinoamericana, queriendo siempre pertenecer a la primera debido al desarrollo y bondades de ser considerado parte del mundo desarrollado; además, existe en México una enorme desigualdad social en donde las realidades que se viven en diferentes puntos del país son diametralmente opuestas. Es en este contexto que en lo personal me parece que la propuesta de Carlos Slim no embona al 100% dentro de la realidad mexicana y que en el mejor de los casos se adaptaría solamente a la forma de operar de las empresas de las que el es dueño. No es posible migrar a un esquema como el anterior con los bajos sueldos que se tienen y en donde el salario mínimo no alcanza para mantener a una familia, cuando las condiciones laborales de los trabajadores no son las óptimas y existen fenómenos como el outosurcing que van en detrimento de las condiciones de los trabajadores.

Todo lo anterior no significa que considere que la propuesta de Carlos Slim es mala, sino que no va en concordancia a México; sin embargo si me parece genial que se posicionen sobre la mesa estas nuevas formas de trabajo que tenderán a volver más flexible el ambiente laboral, al menos, lamentablemente, de esa parte del país que estamos dentro del sector formal.

[i] Petra Jahchan. (2016). What is productivity, and how do you measure it?. 29 Abril 2018, de World Economic Forum Sitio web: https://www.weforum.org/agenda/2016/07/what-is-productivity-and-how-do-you-measure-it/

[ii] Petra Jahchan. (2016). What is productivity, and how do you measure it?. 29 Abril 2018, de World Economic Forum Sitio web: https://www.weforum.org/agenda/2016/07/what-is-productivity-and-how-do-you-measure-it/

[iii] OECD (2018), Hours worked (indicator). doi: 10.1787/47be1c78-en (Accessed on 30 April 2018)

[iv] Olivia Goldhill. (2017). Why wasting your time could be the key to productivity. 30 Abril 2018, de World Economic Fourm Sitio web: https://www.weforum.org/agenda/2017/05/this-is-the-psychological-importance-of-wasting-your-time

[v] CNN en español. (2014). La propuesta de Slim de trabajar solo 3 días, ¿es viable?. 30 Abril 2018, de CNN Sitio web: https://www.youtube.com/watch?v=GhpGRAoIwSk

¿Qué cambiarías en tu vida si tuvieras la capacidad de identificar las señales y recompensas que desencadenan rutinas buenas y malas de tu día a día? ¿Qué cambiarías en tu vida si tuvieras la capacidad de almacenar nuevos comportamientos en un lugar privilegiado de tu cerebro, donde estas conductas se vuelven hábitos? ¿Qué cambiarías?

Alvaro Bilbao comenta en su libro "El cerebro del niño explicado a los padres"(i) que las recompensas asociadas a una conducta son la mejor manera para reforzar el comportamiento de un niño. Estas recompensas generan una sensación de satisfacción en los niños, lo que puede ser el detonante para la creación de un hábito y debemos ser cuidadosos en las conductas que reforzamos, ya que el hábito a crear puede ser bueno o malo; el cerebro no distingue. Como ejemplo, plantea a un niño que llevado por la curiosidad descubre en el armario una caja de galletas de chocolate. Al comer una galleta, su cerebro experimentará inmediatamente gran satisfacción y esta sensación de satisfacción (recompensa) se asocia de manera inmediata al acto de curiosear (rutina). Para este ejemplo el hambre puede ser la señal que detone esta conducta y así esta práctica visible se convierte en un hábito.

En 1993, en San Diego California un hombre de 71 años llamado Eugenie Pauly sufrió una encefalitis viral, enfermedad que atacó a su cerebro en la región donde se almacena la memoria de corto plazo. Eugene no era capaz de recordar lo que había hecho hace un minuto, podía repetir acciones una y otra vez, mismas que olvidaba. La esposa de Eugene acostumbraba acompañarlo a una caminata por el vecindario de su casa debido a su enfermedad. Un día Eugene salió de su casa, al notar esto su esposa se aterrorizó pensando que no volvería, pero quince minutos más tarde Eugene regresó. Para Larry Squire (especialista en psiquiatría, psicología y neurociencias de la Universidad de California) fue un descubrimiento el observar como la enfermedad no había dañado el lugar donde se alojan los hábitos, esa estructura primitiva del cerebro llamada "ganglios basales".

El ciclo del hábito.

Charles Duhigg en su libro "El poder de los hábitos"(ii) identifica el patrón que forma los hábitos en un ciclo de tres pasos: la señal, la rutina y la recompensa. La señal es el detonante para nuestro cerebro, es quien le da la orden de realizar una acción determinada; la rutina es la experiencia física o mental de esta acción y finalmente la recompensa le otorga a nuestro cerebro el grado de satisfacción y le indica si esa conducta es se puede convertir en un hábito ¿interesante?

¿Por qué algunas conductas como hacer ejercicio para bajar de peso o dejar de fumar no se vuelven hábitos? En la mayoría de los casos la respuesta está en cualquiera de los elementos del bucle, elegir bien la señal, cambiar el hábito o mejorar la recompensa son factores determinantes para convertir una conducta en hábito. Para las personas que desean bajar de peso una buena señal sería preparar y planear la rutina de ejercicio, dejar los tenis y la ropa deportiva lista un día anterior y al finalizar la rutina comer un poco de chocolate ¿comer chocolate? ¡si lo que quiero es bajar de peso! Bueno, en principio tu cerebro no creerá que estás disfrutando el hacer ejercicio por lo que una buena recompensa puede ser el engañarlo con un poco de chocolate, al paso de unas semanas tu cuerpo no lo necesitara. El ejemplo anterior fue un estudio que se hizo en Alemania, se pudo demostrar como el cerebro paulatinamente se vió recompensado por otras sustancias como las endorfinas y dopamina derivadas de la actividad física.

Este ciclo del hábito es tan poderoso que para los mercadólogos representa una herramienta valiosa, veamos otro ejemplo que cita Charles: En los años 90 Procter and Gamble (P&G) introdujo Febreze, un producto para eliminar malos olores. En su introducción al mercado Febreze fue un fracaso, los consumidores objetivo no lo compraban, pues estaban habituados a los malos olores en sus casas (por ejemplo). Después de un estudio de mercado notaron que cuando una persona terminaba de limpiar un vidrio o de concluir con el aseo, su semblante reflejaba una pequeña sonrisa o un gesto de alegría, cambiaron la estrategia de Febreze y es ahora el toque final cuando terminas de hacer el aseo, la recompensa. Tal vez muy pocas personas sepan que Febreze en un poderoso eliminador de olores, P&G creó un hábito en los consumidores que representa un negocio de 1000 mdd anuales.

Nuestro cerebro tiende a formar hábitos para reducir esfuerzos, operan de manera separada a la parte responsable de la memoria, solo necesitan una señal y una recompensa. Según una investigación de la Universidad de Duke en 2006, el 40% de las acciones que ejecutamos en nuestro día a día son hábitos, no decisiones. Posiblemente en este momento estás pensando que crear hábitos hubiera sido mejor cuando fuiste niño, te equivocas. Nuestro cerebro es capaz de cambiar partes de su vida (hábitos) en cualquier momento, cuando esto sucede empezamos a pensar que puede cambiar el resto.

El ciclo del hábito es una herramienta poderosa para cambiar costumbres en nuestra vida, la regla de oro consiste en identificar la señal y la recompensa, en el caso de los hábitos perjudiciales resulta valioso comprender estos dos patrones para no extinguir el hábito sino cambiar la rutina por otra benéfica.

Ahora bien, si requiere el mismo esfuerzo la creación de un hábito positivo o negativo, ¿por qué no sacar el mejor provecho de nuestro cerebro mediante el uso de recompensas estratégicamente diseñadas para crear los buenos hábitos que tanto nos ha costado generar? Es momento de aprender nuevos hábitos y hacer que tu cerebro evolucione. Nuestra vida representa un gran taller para ensayar, el ciclo del hábito es una práctica que se puede escalar a cualquier contexto donde se desee cambiar esos supuestos básicos y creencias invisibles sobre las cuales opera nuestra cultura (doxa). Cristalizar el doxa con hábitos y dinámicas culturales (habitus) lo harán perpetuo.

(i) Bilbao, Álvaro. (2017) El cerebro de los niños explicado a los padres. Barcelona, Plataforma Editorial.
(ii) Duhigg, Charles, (2014) The power of habit. New York, Random House Company.

Todos los días llevamos a cabo acciones y actividades que no requieren toda nuestra atención, sino que por el contrario las realizamos por nota e inconscientemente: tomar café diariamente, hacer ejercicio o revisar el celular por la mañana son situaciones que ocupan nuestro tiempo sin que nosotros estemos conscientes de ello y para las que el cerebro ha reservado un espacio con el objeto de evitarnos gastar energía cuando las realicemos. Estas acciones reciben el nombre de hábitos y estos se encuentran tan incrustados en la personalidad y en la vida diaria que identificarlos no es una labor sencilla, incluso se pueden adquirir algunos nuevos sin que se note que hay una forma reciente de actuar respecto a diversos factores que se presentan en la cotidianidad. En su conferencia “The power of habit”, Charles Duhigg los define como decisiones que se toman en determinados momentos para ciertas situaciones y que, en ocasiones posteriores, ante igualdad de condiciones, se dejan de tomar para solamente actuar de la misma manera en la que se hizo previamente; además indica que existe un ciclo consistente en una señal que activa una rutina y para la cual siempre existirá una recompensa que será la que de perdurabilidad a este ciclo.[i]

Basado en lo anterior es posible considerar que los mismos parámetros utilizados para estudiar los hábitos personales son aplicables a los que como sociedad desarrollamos y que tienen implicaciones directas en la realidad diaria de nuestro ámbito profesional. En este sentido me gustaría repasar dos hábitos sociales mexicanos que experimentamos día con día y que, a mi parecer, constituyen un lastre anacrónico que imposibilita que alcancemos los niveles de desarrollo necesarios para el bienestar de todos: la educación y la cultura del esfuerzo.

Respecto a la educación, históricamente los hábitos nacionales han estado enfocados a memorizar los contenidos y dogmas que se aprendían en los colegios sin que se fomentará en los alumnos la capacidad de crítica y análisis que los problemas del país requieren. Dado lo anterior, la sociedad mexicana de hoy en día es una que está más acostumbrada a repetir viejas consignas nacionalistas, a tener una postura maniquea de los personajes que han marcado agenda en la historia, y a no estar dispuestos a afrontar los cambios que México necesita para poder darle viabilidad a las futuras generaciones. Haciendo el análisis con las premisas propuestas por Duhigg, la rutina consiste en ir a la escuela a memorizar teniendo como recompensa que no habrá necesidad de realizar mayor esfuerzo para entender variables complejas que se presentan en el día a día, sino que todo simplemente se solucionará repitiendo las viejas consignas a las que se está acostumbrado.

El segundo factor es la falta de hábito que existe a la cultura del esfuerzo, o dicho de otra manera, el hábito a la ley del mínimo esfuerzo. En varios ámbitos dentro de México cuesta mucho trabajo entender la importancia de proyectos a largo plazo que requieren planeación, dedicación y disciplina; los hábitos que existen son enfocados a soluciones de corto plazo, enfocadas más a paliar problemas que a dar soluciones de fondo a grandes retos. (Ejemplos de lo anterior son particularmente observables en las decisiones gubernamentales)

La inercia del país respecto a los dos hábitos mencionados anteriormente ha resultado muy difícil de romper durante el periodo de implementación de las llamadas reformas estructurales emanadas del “Pacto por México” y dicha resistencia se ha acentuado debido a que no existe una recompensa en general que logré alinear los hábitos de los mexicanos. Sucede lo mismo que los consumidores potenciales de cierto producto aromatizante para Procter & Gamble, en donde los primeros no consumen el producto debido a que creen que, aunque es muy bueno, ellos no lo necesitan. Por el mismo camino, la mayoría de la gente en México no cree necesitar los cambios que se están implementando y no están dispuestos a participar en ellos. Sin embargo, ciertos experimentos nos dan la pauta de que es necesario alinear las recompensas de la población para que la gente modifique sus hábitos.

En particular me gustaría citar el estudio “How to get addicted to good habits”[ii] de Reshmaan Hussam, profesora de Harvard, en donde ella y su equipo realizaron ciertas intervenciones en una población en la India para ver si era posible que la gente adoptará buenos hábitos tal como lavarse las manos. Para lo anterior, establecieron ciertas características que dieran una base sólida de partida y ser medianamente aceptados en la población, como que el jabón hiciera espuma (sensación de limpieza) y que no fuera muy perfumado (la gente comía con las manos y los olores se podían mezclar). Los resultados consistieron en que la gente era capaz de adoptar hábitos si se establecían dos variables fundamentes: monitoreo y recompensas económicas. Pero lo más importante es que respecto al factor económico, este sólo fue un aliciente temporal para que la gente se lavara las manos. De hecho, dado que se otorgaban boletos con valor económico por lavarse las manos a un grupo, se observó que el impacto en el hábito deseado de dar entre cero y un boleto era enorme pero que el impacto marginal a partir de tres boletos era muy pequeño. Más aún, el hábito continuó incluso después de que se dejaron de dar los boletos debido a que los beneficios para la salud de lavarse las manos antes de probar alimentos eran palpables.

Regresando a los dos hábitos mexicanos enunciados anteriormente, el identificarlos es inútil si no se plantea solución alguna que permita alinear los objetivos para modificar las recompensas existentes para esos fenómenos; aún más, plantear soluciones no servirá de nada si no somos capaces de implementarlas en la sociedad y dotarlas de una estructura que les permita su supervivencia a lo largo del tiempo. Estoy convencido de que esa recompensa en la sociedad mexicana pasa más por alinearla que por inventarla, por tener el liderazgo con estatura moral que logré aterrizarla a la población en general y mantener la estructura que se ha venido construyendo a lo largo del tiempo: es importante analizar en donde estamos posicionados en México y buscar la recompensa que nos permita mantenernos en este hábito.

Gary S. Becker y Kevin Murphy desarrollaron el concepto económico de Adicción Racional, en el que la racionalidad consiste en un plan para maximizar la utilidad a lo largo del tiempo y en donde una fuerte adicción a un bien es propiciada por efectos muy grandes de consumos anteriores de dicho bien en el consumo actual. A lo anterior nos deben de conducir los buenos hábitos sociales para que se configure un circulo virtuoso en que se pueda siempre caminar hacia adelante. Y mientras tanto nos corresponde como individuos y profesionistas contribuir al desarrollo de esos hábitos sociales desde nuestro día a día entendiendo a fondo lo que hacemos, desarrollando ideas que generen valor agregado en el largo plazo y cuyos beneficios puedan ser permeados tanto a la sociedad como a las personas que junto a nosotros pueden comenzar a realizarlas. En un podcast para Harvard Business Review, Duhigg afirmó que el éxito de una compañía está definido por los hábitos que surgen al interior de ella más que por la estrategia corporativa misma[iii]; es por esto último que sostengo que los cambios deben de llegar desde dentro de la sociedad, buscando nosotros esos impactos exponenciales que da el ir sumando nuevos integrantes que a su vez integrarán a otros más a este círculo virtuoso.

[i] Duhigg, C. (2012) El poder de los hábitos. Barcelona: URANO.

[ii] Nobel, C. (2018). How to Get People Addicted to a Good Habit. Harvard Business Review. Recuperado 29 de Marzo de 2018. https://hbswk.hbs.edu/item/how-to-get-people-addicted-to-a-good-habit

[iii] Fox, J. (June 2012). Habits: Why we do what we do. Harvard Business Review. Recuperado 29 de Marzo de 2018. https://hbr.org/2012/06/habits-why-we-do-what-we-do

Personas que dejan para mañana lo que pueden hacer hoy, personas que no tienen el hábito de terminar lo que empiezan, personas que caen en un estado de ansiedad por no tener orden ni rutina ni paz en sus vidas, este tipo de personas que nunca formaron hábitos positivos que las impulsaran a llegar a sus metas o a lograr objetivos, son más de el 20% de la población según Brandon Gaille Marketing Expert and Blogmaster, en las estadísticas que realizó en Mayo del 2017. 
Menciona que hace 30 años solo era el 5% de gente que se identificaba con este tipo de perfil, hoy en día el 26%, ósea 1 de cada 5 personas tiene este problema. 
Hacer una lista de pendientes con prioridades es importante para tener un orden y una idea clara en lo que vamos a trabajar,  y para esto tienes que ser consciente del momento presente tienes que destapar tus sentidos y tanto tus valores  como tus prioridades son tus criterios de decisión - Maite Finch ( https://coachmaitefinch.com/, 2017). 
Esto es primordial para poder empezar con una lista de lo que tenemos que hacer, clasificando retos que te ayudan a priorizar y optimizar energías. 
 
¿De qué manera influye en el ser humano el crear hábitos en su vida que ayuden a no pasar por este tipo de situaciones que nos convierten en el 20% de la población? 
Quiero enfocar este escrito en un problema que he tenido en mente y que me llena de ansiedad. 
El pensar que estoy formando un hábito que no necesariamente me beneficia y que al contrario me aleja de mi presencia es algo de lo que deberíamos preocuparnos hoy en día. 
El mundo en el 2016 pasaba en promedio 2 horas diarias en plataformas digitales según un estudio en GlobalWebIndex, en un año, podían estar conectados durante un mes completo a la vida online. México ocupa el décimo lugar de 33 países de la muestra. (FORBES, 2016.) 
Según un estudio realizado por Apple en 2017, sus usuarios en promedio desbloquean sus celulares más de 80 veces al día. Cinco horas  pegados a la pantalla, esto significa: una vez aproximadamente cada 12 minutos. 
¿Si seguimos con este promedio, en el 2018 pasaremos 10 horas conectados a nuestros celulares?
¿Creen que esto tenga que ver con el poder de generar hábitos en nuestras vidas? Totalmente. 
Al menos que el hábito que estemos formando al estar en el celular implique estudiar algo, o aprender algún idioma o ver noticias, normalmente estamos perdiendo el tiempo” en redes o dejándonos llevar por la publicidad que nos lleva a comprar todo lo que vemos, y otra vez a perder nuestro tiempo y dinero. 
 
En el mundo de hoy se ha olvidado de pasar tiempo con sus hijos, de estar” conscientemente en algún lugar, de comer, leer, escuchar en conciencia. 
El libro The conscious parent” de Shefali Tsabary, PhD dice lo siguiente:
“Mientras que usted puede creer que su desafío más importante es criar bien a sus hijos, hay una tarea aún más esencial, simplemente ESTAR.  Esta es la base de una crianza efectiva. Esta tarea es elevarse a ser el individuo más despierto y presente que pueda existir.” Les comparto este texto que me impactó, por que creemos que llenar a las personas que queremos (en este caso nuestros hijos) de regalos, clases extra curriculares, objetos de deseo, viajes, experiencias y momentos inolvidables, son las cosas que van a hacer que nuestros hijos, sean personas con mucho más conocimiento, más mundo” (por cierto, frase que me parece deprorable) y Shefali en su libro resume todo esto en algo simplísimo que me transforma cada que lo intento hacer: ESTAR PRESENTE.  
 
La esencia de estar presente es reconocer todas las maneras de la cual vivimos, es un intercambio momento a momento de información que nos hace sentir completamente vivos y disfrutar de cada situación o aprendizaje que la vida nos propone. Si no estamos presentes, estas oportunidades se van de nuestras manos, desperdiciamos cada lección  que nos  da la vida para crecer como personas. 
 
Esto es un gran habito, el darnos el tiempo necesario para estar presentes en todo momento en nuestras vidas. 
El problema hoy en día es tanto tiempo que pasamos en redes en el celular que nos alejan de inmediato del presente, viviendo a través de la vida de todos menos la nuestra. 
 
Un hábito tal como menciona Charles Duhigg  en su libro The power of habit” es cualquier cosa que decides hacer hasta cierto punto pero que en algún momento dejas de decidir hacer” y ya lo haces sin querer y sin pensarlo, al principio necesitas una gran dosis de concentración, después ya ni participas en esa toma de decisiones, simplemente lo haces una y otra vez sin siquiera la ayuda de tu cerebro. 
 
Creo que hoy en día se ha convertido el uso del celular en un mal hábito. Ya desbloqueamos la pantalla sin querer desbloquearla, sin ningún objetivo de buscar o obtener algo, sino simplemente por perder tiempo o por costumbre, abrimos aplicaciones sin motivo alguno y creamos más cuentas y perfiles en redes sociales por si queda algún espacio vacío en toda esta pérdida de tiempo, podamos rellenarlo con estas nuevas cuentas, que insisto, sirven para nada más que para esto, no estar presente, no ver nuestras vidas y sentir que pertenecemos a un mundo virtual, fuera de nuestra realidad. 
Estamos viviendo un mundo lleno de hábitos de consumo, hábitos de mentir acerca de la realidad para pertenecer a un mundo inexistente, lejos de nosotros, superficial, vacío, pero a su vez tan cerca a través de 4.7 pulgadas de pantalla. impactante.
 
Lo más importante para centrarse exclusivamente en la "rutina" del comportamiento, si quieres cambiar un hábito, es concentrarse en la línea que sigues (antes de crear rutina) y en la recompensa o el beneficio que obtienes al final, en resumen, satisfacer el mismo deseo pero con otra recompensa. 
Los hábitos también son peligrosos porque dejas de comprometerte mentalmente. 
Creando hábitos de Mindfulness” podemos vivir más en el momento, tienes que encontrar una recompensa para mantenerte en la conversación, para satisfacer el impulso que deseas que se vaya, para estar presente, para simplemente estar” cuando tus hijos te hablan, reírte cuando estas en familia y están pasando cosas que a lo mejor las ves en un video que te mandan en algún chat horas más tarde, tu tienes la oportunidad de ver esos momentos en vivo, y te los pierdes, se nos van de las manos por vivir en el futuro, en el pasado y en vidas ajenas. 
¿Cómo creamos esta recompensa para cambiar el hábito? Piensa en lo que da satisfacción al estar en el celular, esos momentos que ves en las vidas ajenas, o estar conectado al trabajo 24/7, ¿Qué genera en ti que prefieres en lugar de conectarte personalmente con tus seres queridos, o contigo mismo? 
Si no puedes contestar estas preguntas o no tienes la respuesta clara, intenta cambiar la rutina, irte a dormir con el hábito de ver la tele o estar en redes, tener el celular en la mano esperando cada 2 minutos a desbloquearlo, este tipo de rutinas que te tienen exclavizado, ¡Cámbialas!, verás más tarde la respuesta y el resultado de esto y encontrarás esa recompensa” de la que estoy hablando. 
 
 
La rutina de la que habla el artículo es en la que te tienes que enfocar; Cambia la rutina a una que brinde la misma recompensa o una aún mejor, para que puedas así cambiar un mal hábito, o simplemente crear uno nuevo. (Charles Duhigg. The Power of Habit) 
Cuando tienes malos hábitos dejas de estar mentalmente comprometido e involucrado en lo que estás haciendo, pierdes poder sobre ti, porque has convertido esto en algo en lo que tu fuerza de voluntad ya ni si quiera aplica. 
 
 
 Las empresas organizacionales son una colección de hábitos, los llaman rutina. Creo que tal cual como una empresa, nuestro cerebro funciona de una manera organizacional y  empece este texto hablando de hacer listas y ordenar tus prioridades, lo cual creo es sumamente importante. 
En su libro Charles Duhigg dice: Willpower prepares people for life!  ¿How do you do this? the answer is: HABITS. 
El empoderamiento busca que las personas autogestionen sus necesidades, aumenta la fortaleza espiritual de los individuos, como bien dice la palabra misma, es estar en poder de dominarte a ti mismo. Esta autogestión se consigue creando hábitos que fortalezcan tu poder y asi tal cual generar empoderamiento sobre ti mismo.
Desde una perspectiva personal, la base del éxito es la constancia con paciencia y persistencia, sin aferrarnos al querer llevar una vida llena de reglas y de hábitos excepcionales, pero dejándonos llevar por estar presentes en conciencia en nuestras vidas, disfrutar cada momento y como explicaba anteriormente, crear esos hábitos cambiando de fondo la rutina, para así tener la recompensa que queremos, esa recompensa siempre nos va a llevar a las cosas más básicas y claves de la vida, la familia, paz, tranquilidad, amor. Valorar y creérnos las historias que estamos viviendo día a día, hacer nuestras propias historias fuera de las redes y pantallas, pero en la vida misma, la que es real, la que se siente y se vive a cada segundo, la que se saborea, la que se siente en el corazón. Esa que no necesita fotos ni retratos por que se archiva en el fondo de nuestro ser, siempre.  
 

¿Alguna vez te ha ocurrido subir al coche, arrancar y llegar a tu destino sin siquiera saber cómo llegaste? No te preocupes no eres al único al que le sucede y el culpable no eres tú, son tus hábitos.

En el maravilloso libro “El poder de los hábitos” del autor Charles Duhigg, el cuál creo que todos deberían leer en algún punto de sus vidas (cuanto antes mejor), nos hablan de las implicaciones de nuestros hábitos en nuestro comportamiento día a día.

El hábito es aquel comportamiento cotidiano que realizas sin saber que lo estás realizando, es cuando tu cerebro decide “ahorrarte espacio” para liberarte de cargas y presiones por medio de la automatización. Es cuando despiertas y en automático entras a la regadera, te lavas primero el cabello, después el cuerpo sin cambiar el orden y esto sucede porque siempre lo has hecho así, el cerebro lo ha detectado y ha decidido ayudarte con esta decisión que considera irrelevante como para que tú le dediques tiempo. Lo mismo pasa al cepillarnos los dientes, colocar la pasta dental en el cepillo y comenzar por el lado derecho superior siempre (en mi caso), izquierdo y después abajo, para repetirlo después una y otra vez. Como estos tenemos miles de ejemplos de hábitos personales y estoy seguro de que ya estás pensando en ellos en este momento.

A lo largo de tu vida has ido adquiriendo más hábitos y esto se debe a algo llamado “El bucle del hábito”. Advertencia, suena como si el cerebro fuera tu aliado, pero no siempre lo es (risa malévola de fondo). Ahorrar esfuerzo mental es engañoso, porque si nuestro cerebro descansa en el momento inadecuado, puede que pasemos por alto algo importante, como un coche que viene demasiado rápido o un peatón imprevisto.

Tomemos un ejemplo del libro para entenderlo mejor; a principios de 1990 investigadores del MIT realizaron un experimento compuesto por un chocolate, un laberinto y una rata. A la rata se le implantó algo similar a un “joystick” y docenas de cablecitos insertados en su cerebro. Después se le colocó detrás de una compuerta en el laberinto con forma de T y al final como recompensa se hallaba un chocolate.

Se escuchaba el “clic” de la compuerta abriendo y las ratas comenzaban su trayecto. Las primeras veces les tomaba mucho tiempo hallar el premio, divagaban por el pasillo hasta llegar al final de la T y doblaban en el sentido erróneo. Después de varios intentos, ya cuando conocían la dinámica y sabían en dónde se encontraba la recompensa, su cerebro operaba de modo automático. Los estudios arrojaron la siguiente información del comportamiento cerebral durante la actividad:

Últimos ejercicios

Primeros ejercicios

 

 

 

 

 

 

Las primeras veces el cerebro trabajaba al máximo para dar con la recompensa olfateada, sin embargo, después de semanas de práctica la actividad se redujo porque la rata estaba familiarizada con la actividad y había dado permiso a su cerebro de trabajar automáticamente.

En cuanto escuchaba el clic, sabía que habría una recompensa y en automático se dirigía al premio.

El bucle del hábito

Todo esto en conjunto desarrolló lo que se conoce como “El bucle del hábito” y éste específicamente se encuentra en nuestros cerebros en los Ganglios Basales (estructuras neuronales situadas dentro de cada hemisferio cerebral).La señal es el detonante que informa al cerebro que puede ponerse en piloto automático y el hábito que ha de usar. La rutina, que puede ser física, mental o emocional es el segundo paso del bucle y por último tenemos la recompensa, que ayuda al cerebro a decidir si vale la pena recordar en el futuro este bucle en particular.

Un componente adicional que se encarga de alimentar el bucle del hábito es el deseo. El deseo es lo que hace que las señales y las recompensas funcionen. Y para poder identificar un deseo necesitamos primero lograr identificar los detonantes. Aquí es en donde entra el poder del hábito, los hábitos son tan poderosos porque crean deseos neurológicos.

Afortunadamente los hábitos se pueden modificar. Para cambiar un hábito es necesario conservar la señal y la recompensa, lo único que se debe hacer es insertar una nueva rutina. Por lo tanto si quieres cambiar un hábito tu primer tarea será identificar la señal, pongamos el ejemplo de un alcohólico quien en momentos de presión recurre al alcohol. La señal en este ejemplo serían los momentos de estrés, la rutina sería ingerir bebidas alcohólicas y la recompensa sería la liberación de estrés o presión. En esta situación en específico se debería reconocer que el objetivo principal del hábito es huir de la situación que está provocando el estrés o la presión por lo tanto se tendrá que modificar la rutina y reemplazarse por una nueva como bien podría ser realizar ejercicio. Varios estudios demuestran que al ejercitarnos liberamos endorfinas y reducimos niveles de estrés.

Tanto para empresas como para individuos existen los hábitos, lo único que cambia es el término que se emplea. Las personas tienen hábitos mientras que los grupos tienen rutinas.

Ahora que conocemos cómo funciona un hábito y sus componentes, además de agregar el deseo, muchas veces es necesario añadir a la “receta” convicción. Convencernos a nosotros mismos de que el cambio es necesario, recordar las razones por las que queremos modificar un hábito.

El último ingrediente que puede ayudarnos a modificar un hábito es la Fe y no en sentido religioso. La Fe es el ingrediente que hace que el bucle del hábito se convierta en una conducta duradera. La Fe parece ser esencial a la hora de reemplazar un hábito y que mejor que una comunidad para crear Fe ya que es más fácil generarla cuando se produce dentro de una comunidad.

El éxito detrás de varias empresas como 54D, 8W, 14K, Rbk60 y hasta el mismo alcohólicos anónimos, se centra en la comunidad como fortaleza para modificar un hábito. El cambio ocurre cuando estás con otras personas, se torna más claro cuando lo aprecias en los ojos de los demás. Es increíble el poder de un grupo para provocar cambios.

Para concluir me gustaría compartir un ejercicio propuesto por Duhigg. Semanalmente el autor nos recomienda proponernos las metas que queramos alcanzar a lo largo de la semana por medio de la siguiente frase: “Mis metas para esta semana son:”.

La importancia del ejercicio se centra en que la fuerza de voluntad no es solo una habilidad, hay que verlo como un músculo que al igual que los brazos y las piernas, se cansa cuando trabaja duro y por lo tanto le queda menos fuerza para hacer otras cosas. Cuando una persona refuerza sus “músculos” de fuerza de voluntad en un aspecto de su vida (ej:ejercicio), se afecta positivamente todo lo demás. Los buenos hábitos parecen extenderse en otros aspectos de su vida.

Por estas razones hay que diseñar deliberadamente los hábitos de fuerza de voluntad, hay que diseñar rutinas (pasos) para seguir adelante cuando los músculos de la fuerza de voluntad empiecen a flojear.

Para comenzar a transformar nuestras vidas, me parece muy importante que nos preguntemos porqué hacemos las cosas y si algo no nos gusta, estar conscientes de que los cambios son posibles cambiando nuestras rutinas. Un hábito se comienza a hacer cuando se practica algo por 21 días seguidos, así que los invito a reflexionar sus “clic’s, rutinas y recompensas” y a hacer las cosas de manera más consciente.

Duhigg, C. (2012) El poder de los hábitos. Barcelona: URANO.

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