To AI or not to AI, that is the question.

Tranquilícense un chingo, el AI es sólo una moda. No, los robots no nos van a matar a todos en el 2040 ni tampoco vamos a encontrar la fuente de la eterna juventud. Por otra parte, nosotros, los simples mortales, no tenemos que alebrestarnos y demandar que los genios que están desarrollando estas tecnologías tomen “extrema precaución” para NO desarrollar un ASI que, en cuestión de minutos, alterará radicalmente y por completo el mundo en el que vivimos. Todo lo contrario, si algo debemos hacer es dejar de ser esos humanos egocéntricos que solemos ser y dejar de pensar en lo que nos sucederá a nosotros con el AI para comenzar a pensar en cómo nuestro planeta, el único hogar que tenemos en esta galaxia, tiene que ser el primero en verse beneficiado porque de lo contrario, estaremos cavando más rápido que hoy nuestra propia tumba.

Vamos por partes.

Antes de dejarnos ir como gorda en tobogán y explicar la lógica detrás de los argumentos anteriores, entendamos qué es la inteligencia artificial para que aquellos lectores que todavía creen que esto es sólo ciencia ficción y temas de películas como Ex Machina, puedan entrar en contexto. La inteligencia artificial es el conocimiento que tiene un sistema tecnológico que le permite cumplir un objetivo. Existen tres grandes categorías cuando se habla de inteligencia artificial: Artificial Narrow Intelligence por sus siglas ANI en inglés, Artificial General Intelligence o AGI y Artificial Superintelligence o ASI. Hoy en día el único tipo de inteligencia artificial que tenemos es ANI, es el tipo de inteligencia que permite a un sistema resolver una tarea específica con un objetivo claro, por ejemplo el app de Waze, diseñada para encontrar la ruta más veloz a casa o Pinterest, el cual a partir de una imagen nos sugiere otras imágenes similares para hacer búsquedas con mayor probabilidad de encontrar el resultado deseado. Moviéndonos hacia arriba en la escala de inteligencia se encuentra el AGI, la cual entre las comunidades de tecnología hay consenso que aún no existe ninguna versión exitosa. Este tipo de conocimiento le permitiría a una computadora saber lo mismo que sabe un humano: razonar, resolver, reconocer, deducir, sentir, aprender y darse cuenta de que existe, es decir, tener conciencia. Para este punto, ya nos estamos acercando a poder entender las conclusiones tan tajantes con las cuales arrancamos este escrito. Es evidente que tan pronto se desarrolle este tipo de inteligencia, como quien dice, “ya estaríamos del otro lado” dado que a partir de esta inteligencia, sólo necesitaríamos sumarle lo más poderoso que tiene hoy la tecnología para llegar al ASI: velocidad computacional, tamaño, capacidad, confiabilidad, durabilidad, conectividad y conciencia colectiva.

La moda del AI me recuerda un poco a cuando a inicios del siglo XX, tras el primer vuelo exitoso de los hermanos Wright, habiendo pasado casi 2 mil años de evolución en la tecnología de la aviación, la gente imaginaba el futuro como los Jetsons. Centenas de naves espaciales personales y los medios de transporte ahora en todo el cielo; el planeta tierra creciendo verticalmente para poblar los cielos. Falso. Un siglo después, seguimos muy lejos de esta realidad y para ser sinceros, los avances en aviación en el último siglo han sido casi nulos.

Como sociedad, tendemos a hacer saltos cuánticos al imaginar escenarios del futuro, porque al igual que con AI, nos entusiasma una tecnología e inmediatamente la visualizamos como la única solución a todos nuestros males y caemos en lo que las teorías de conocimiento llaman falacias de lógica. Si el AI puede resolver una tarea X y puede aprender a hacer cada vez mejor esa tarea X, entonces puede aprender a aprender y por ende aprender lo que sea que queramos. Nuevamente, falso.

Según el IPCC, el grupo intergubernamental de expertos en cambio climático, si las emisiones continúan con la curva de crecimiento que vemos en el presente, para el 2040 la mayoría del mundo estará entrando a niveles de alto riesgo de supervivencia de los sistemas físicos, biológicos y humanos. Es decir, si nos distraemos en la búsqueda del AGI, puede que nos acabemos la gasolina antes de llegar a la meta, es decir, los recursos que nos permiten subsistir como sociedad en nuestro planeta. Por ello quienes están desarrollando AI deben girar su atención de trabajar arduamente en encontrar cómo replicar el cerebro y pensamiento humano a buscar soluciones para la coexistencia del humano en este planeta tierra. La pregunta ahora es: una vez creados estos avances para sanar al planeta, ¿cómo se usarán esas soluciones para el objetivo más importante en el reto de generar AGI que es replicar la inteligencia humana? Al concluir el rescate del planeta y haber construido una nueva relación entre humano y planeta tierra, ¿quedamos más cerca de un AGI o arrancamos nuevamente de cero?

Démosle el beneficio de la duda a los genios y supongamos que la tecnología creada para reducir los gases de efecto invernadero se pueden usar para replicar la inteligencia humana. Supongamos que efectivamente para el 2040 aparece el primer AGI y replica el cerebro humano, capaz de razonar, pensar y actuar exactamente como nosotros. Para efectos de la narrativa, llamémosle Maggie. Felicidades, ha nacido Maggie, así como cuando tu mamá te dio a luz a ti. Puede que efectivamente Maggie no tenga un cuerpo como el nuestro, ni piel o músculos que se cansen, sea indestructible porque por alguna extraña razón además de imitar la inteligencia se descubrió también una piel que se regenera sóla (raro, dado que la búsqueda por imitar la inteligencia no tiene absolutamente nada que ver con la segunda búsqueda, pero bueno, se logró). Maggie entonces también siente, tiene emociones, decepciones y metas personales, por ende, es un ser racional porque las emociones también son racionales y se albergan en el cerebro, no en el corazón. Si todo esto sucede entonces, ¿por qué ahora Maggie va a querer matarnos a todos? Ella (sí, así se le puede decir dado que el género es un concepto de nuestra sociedad) necesita compañía y amigos, no desea un mundo donde esté sola. Volvamos a suponer que a Maggie no le caemos bien y prefiere tener sólo amigos como ella porque se siente rechazada, surge por ende la necesidad de matarnos a todos. Ella reprime todos los pensamientos negativos que implica el crimen y genera un plan para matarnos; pero antes, pequeño detalle, tiene que generar toda una civilización similar a ella. ¿De donde obtendrá los recursos para hacerlo? Recordemos, Maggie nace un día igual que el nacimiento de miles de otras personas y sigue inserta en el mundo como lo conocemos nosotros. Entonces ahora tiene que descubrir una forma de a) replicar recursos como los que se necesitaron para generarla a ella o b) robar un banco sin que nadie se entere. ¿Qué elegirá? Por último y ante todo esto: desde el día en que Maggie nació, nunca volvió a fallar, porque eso nos ha comprobado la tecnología, que nunca falla.

Espero que este relato sea suficiente para ilustrar el punto que quiero comunicar: seguido con modas de tecnología, tendemos a construir grandes argumentos basados en falacias lógicas.

Yo veo un futuro donde, de forma progresiva y poco a poco, iremos avanzando para utilizar la tecnología a favor de la sanción del planeta tierra y el avance de la humanidad. Como civilización, habrán momentos complicados donde muy probablemente se nos presentarán tecnologías capaces de mejorar características de nuestra realidad a costa de precios altos o futuros inciertos y juntos: instituciones privadas, individuos, gobiernos e instituciones públicas trabajaremos en conjunto para tomar las mejores decisiones. Sí, efectivamente el mundo en el 2040 no será para nada similar al mundo en que vivimos hoy, pero no simplemente porque exista (o no) el AGI, sino porque habremos pasado por decenas de miles de tecnologías que habrán tenido consecuencias en nuestra civilización, revoluciones reales como las redes sociales, el avance en las tecnologías de comunicación, equidad de género y libertad de amar, entre muchas otras. Los verdaderos cambios son cambios de paradigma que se esparcen entre las masas, no tanto así como innovaciones y revoluciones en laboratorios en búsqueda de tecnologías perfectas. Nuestra sociedad y los deseos más banales como sentirse realizados, sentirse comprendidos, amar y ser felices sigue siendo los verdaderos motores del cambio.

De lo único que nos debemos de preocupar es de seguir atentos, con los ojos bien abiertos, la mente saludable y el corazón receptivo para seguir disfrutando del deleite que es vivir en el siglo XXI y ver cómo nuestra sociedad evoluciona. Y si llega un AGI y luego un ASI, voltea a tu alrededor y rectifica que quien haya llegado no sean tus hijos en realidad.

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